Un lacayo del Imperialismo romano se confiesa pecador y un hombre legal, de buenos principios y cumplidor a rajatabla de sus deberes sociales y religiosos se cree bendecido por Dios.
Jesús pone las cosas en claro: AQUEL SÍ Y ÉSTE NO.
Jesús el Maestro que enseña sobre la marcha, mientras camina a Jerusalem, es buenísimo poniendo ejemplos, parábolas. Éstas unas veces son en positivo," el Reino de Dios se parece a..." y otras en negativo "es todo lo contrario a..." Lo cierto es que los excluídos, viudas, huérfanos, leprosos, samaritanos, gentes de mal vivir... son los predilectos de Dios.
No deja de ser un consuelo saber que antes que nosotros, también otros muchos, empezando por los apóstoles, han sentido la necesidad de ser auxiliados en la fé. Nuestras incertidumbres y nuestros vacíos nos llevan a pedir a quien nos puede ayudar: SEÑOR, AUMÉNTANOS LA FE