Había en los tiempos de Jesús una teología, y todavía en nuestros tiempos existe, que explicaba las desgracias naturales (terremotos, deslaves, sequia, hambre, incendios...) y accidentes como obra de un dios castigador.
Jesús rechaza de plano esta perspectiva y nos invita a buscar en nosotros mismos y en nuestra improductividad la causa de nuestras calamidades.
Tiene mucha paciencia con nosotros y como buen cultivador, ensaya todas las maneras posibles para ponernos a producir y mejorar nuestra condición humana.
A pesar de todo, Jesús sigue creyendo en nosotros
No hay comentarios:
Publicar un comentario