Impresiona que en medio de las torturas ,maltratos, humillaciones e irrespetos de que es víctima Jesús, oriente la misericordia de las mujeres hacia ellas mismas y sus hijos. Jesús le quita importancia a sus propios sufrimientos que, comparativamente con los que a diario padecen las mujeres del pueblo llano y sus niños, las siente más llevaderas.
Si nuestra espiritualidad tradicional nos ha llevado a compadecer con Jesús, Él, paradójicamente, nos enseña a compadecer con los excluídos y los más débiles.
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